Las parejas que ya me conocen personalmente saben cuánto me gusta hablar cuando les explico cómo trabajo. Entre todo el repertorio de explicaciones en mi faceta de comercial (qué difícil es condensar en una cita todo lo que uno quiere contar), hay asuntos que es inevitable tratar, porque tienen que ver directamente con el estilo, gusto fotográfico o simplemente con el precio de lo que se contrata. Esto son temas de los que todas las parejas esperan que hablemos. Pero hay otros asuntos que también tienen su importancia pero pasan inadvertidos si el fotógrafo no lo dice.

Uno de esos detalles trata de cómo gestiono, desde el punto de vista de la seguridad, las fotografías que componen un documento tan importante como un reportaje de boda para asegurar que éstas lleguen a buen puerto y no sean víctimas de un desastre informático.

Antes de nada he decir que éste tipo de pérdidas no es un mal de la era digital.  Hace no mucho, cuando se usaba película sensible cómo único soporte, también sucedían este tipo situaciones. Bien por pérdida, mal estado de la película o por accidente en el laboratorio. Aunque hay que ser realistas y decir que estas situaciones, generalmente vergonzosas para el fotógrafo y motivo de muchos dolores de cabeza, sucedían y suceden en contadas ocasiones.

Los fotógrafos somos conscientes del valor que tienen las fotografías para nuestros clientes, y de lo importante que es para nosotros que todas las fotografías de nuestro archivo perduren, por lo que no tiene sentido jugársela y no conozco a ningún fotógrafo que no tenga este tema entre sus prioridades, cada uno con su sistema.

Como el refrán dice que cada maestrillo tiene su librillo, os cuento aquí mi sistema para tener un archivo seguro:

Mi fórmula es la siguiente:

Organigrama de como realiza las copias de seguridad José Ramón Polo1.- Nada más realizar un reportaje descargo todas las tarjetas en el ordenador. No importa que llegue a casa a las 5 de la mañana. Ordeno cronológicamente todas las fotografías de las distintas cámaras y una vez ordenadas las renombro numéricamente. Las tarjetas de memoria las dejo intactas hasta haber concluido todos los pasos siguientes.

2.- Realizo dos copias idénticas de todas las fotografías en otros dos discos más. Discos Internos Western Digital que utilizo de forma externa en bahías o docks (pincho los discos como si fueran USB)

3.- Realizo una copia más de todas las fotografías en un alojamiento externo de Amazón (uno de los mejores servicios en la nube), que a su vez guarda toda la información por triplicado en 3 servidores diferentes para garantizar que los datos no se perderán.

4.- Ahora me encuentro con que tengo una copia de las fotos en un disco duro local, que es la que usaré para editar. Dos copias más en discos independientes, y otra copia redundante por triplicado en la nube.

Para mí es muy importante que las parejas que os interesáis por mi trabajo tengáis la percepción de que vuestras fotografías también tienen un gran valor para mí.